sábado, octubre 1

Muertos

Aquella estadía en San Marcos Sierras nos había dejado, entre otras cosas, un pequeño misterio. Al atardecer del domingo, antes de emprender la vuelta, quisimos conocer el cementerio del pueblo: una vieja manía.
Una vez más, llamó nuestra atención un nicho con angelito: dos meses y pico de vida, siete generaciones de mariposas.

María Fernanda, por Dios nos fuiste dada.
Por Dios... quitada.
¡Alabado sea Dios!

Mamá y Papá

La próxima parada del paseo fue un panteón en cuyo umbral se acumulaban coronas y ofrendas florales, hasta ocupar casi medio pasillo. Las flores que no eran artificiales estaban todas marchitas. Según las tarjetas, ya ajadas y amarillentas, el entierro había sido dos semanas atrás. Entre los muchos firmantes figuraban Sota y Kirchner, con participaciones seguramente no efectivas, sino digitadas por punteros de Cruz del Eje.
¿Quién habrá sido este tipo?, nos preguntamos.

Saliendo del pueblo, recogimos a una mujer que hacía dedo. Quisimos consultarle por el muerto, pero su relato obsesivo sobre un hijo de 15 años atropellado en la ruta y las maneras de superar la pérdida a base de trabajo (granja, dulces, licores), no nos dejó ningún margen para hacerlo. Se bajó en su paraje y la vimos perderse en lo oscuro de una huella, camino a la luz lejana de su rancho.

Recién este jueves, por el diario, pudimos por fin develar la incógnita: se trataba del intendente del pueblo, fulminado por un caballo de su propio haras.

1 Comments:

Blogger paula p said...

què onda bueeeeena san marcos
vi ese mismo texto del niño sacrificado

2:58 p. m.  

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